domingo, 30 de enero de 2011

Un buen domingo con la banda Municipal de Torreón


Salir el domingo a solas con mi hijo es una experiencia inexplicable; quienes son padres conocen lo que no puedo descifrar; llevarlo de la mano, ver sus pasos me llena de emoción, sobre todo cuando su curiosidad rebasa su existencia. A sus casi tres años me da gusto que aún no entienda los problemas que aquejan a la sociedad; me place que esté totalmente alejado de la violencia; pero lo que me conduce a un orgullo mayúsculo es el gusto que tiene por la música.

Un amigo guitarrista, Jorge Domínguez; a modo de regaño amistoso me dijo que no debo conformarme con el orgullo paternal que nos conduce sólo al ego, sino que busque la forma de inducirlo al buen camino de la música; enseñarlo y familiarizarlo con ello. Y gracias a mi labor de reportero, llegan a mis manos los eventos que organizan las instituciones culturales.

Este domingo 30, llevé a mi hijo a espectar la presentación de la Banda Municipal de Torreón. Con el afán de que vea a músicos en escena asistí a la Plaza Madero donde se dio la cita. No soy músico, pero la música es algo que también me gusta. Me considero un buen oyente y no cualquier sonido me llena el oído. Asistí sin ningún antecedente de la banda pero con ganas de escucharla. Llegué cuando se estaban haciendo pruebas de sonido y mi hijo ya había puesto toda su atención en los instrumentos.

Cuando el concierto inició no tuve más que disfrutar de cada una de los temas. Melodías como “Ángeles más grandes del cielo”, “El relicario”, “Sobre las Olas”, “la bikina”, música disco de los 70s entre otros, fueron los que expusieron en cada nota el talento de los músicos y la maestría del director Juan Barrios.

La música brillaba en los ojos de mi hijo. Las notas paseaban por su mente y lo hacían pensar en no sé qué: bailaba, quería tocar, aplaudía. Es difícil mover las emociones de un niño; escribir cuentos infantiles o poesía para niños no es un juego; y que la música los mantenga atentos supongo que tiene la misma dificultad. Entonces deduzco la calidad, el desempeño, la disciplina y la pasión por lo que se hace.

Si el Instituto Municipal de Cultura de Torreón le ha apostado a esta banda, vale decir que los recursos no están siendo depositados en un saco descocido; el talento justifica el recurso, la calidad lo garantiza y el director sella su garantía.

Es esto lo que place. La cultura es lo que debe llenar las conversaciones en las calles, en las plazas. Que todo mundo diga que de alguna manera está involucrado con el arte, así como pregonan sus vínculos con los malos actos.

Que las calles se llenan de ritmos melódicos es como acariciar el oído de tanta estridencia; acariciar el alma de los golpes estrepitosos que nos da la realidad. Es como viajar en el tiempo a momentos agradables de la infancia, la adolescencia, de la juventud guiados por los sonidos y el compás.

Termina el concierto y mi hijo queda satisfecho, con ganas de tocar la tarola, los platillos; admirado por el saxo, el clarinete, las transversales y todo lo demás. Ha sido un buen concierto, no me queda duda de ello. Este domingo ha tenido ritmo.

Comentarios:
miguel-amaranto@hotmail.com

No hay comentarios: