jueves, 30 de septiembre de 2010

A mayores quejas, pocas acciones

Iba por el centro de la ciudad y me dispuse a tomar el camión para regresar a casa; cuando subí íbamos el chofer y yo, después sube un señor de casi ocho décadas que al ver el trasporte casi vacío, entabla una conversación con el operador. ¿Por qué tan solo? Pregunta el hombre obteniendo como respuesta un: “¡quién sabe!”. La conversación continúa a menudo que avanzamos y se hace larga con frases quejosas en ambos: que si los que se enriquecen a costa de los pobres son los funcionarios públicos, que estamos en un país en el que nos gobiernan una bola de rateros, que por lo menos el PRI robaba y dejaba robar, que esos tiempos eran buenos porque en el país todos robaban casi parejo, que si la policía esto, que si la inseguridad el otro.

El tema no me sorprende, a nadie sorprende escuchar esto, pero tampoco provoca reacciones; esto es lo lamentable. Criticar a los gobiernos, a los funcionarios, a la policía, en fin, a todo que trabaje en entidades gubernamentales; da un aire de analíticos, de expertos en asuntos políticos, de gente con espíritu revolucionario a quienes se dedican a eso. Pero ahí queda, no pasa del círculo en el que se habla: todos proponen, todos harían tal o cual cosa si estuvieran en oficinas públicas, pero insisto, no pasa nada. No quiero que esto se tome como un fomento a levantamientos o una insinuación a la violencia, porque pretextos para acusaciones no faltan. Sino, a lo que quiero llegar es hasta dónde llega una sociedad cuando carece de información, cuando carece de educación, de cultura.

En una sociedad en la que las conversaciones estàn teñidas de amarillo, y en la que las grandes empresas de comunicación lo fomentan porque es lo que reditúa, es difícil que propuestas serias, que análisis objetivos y manifestaciones artísticas hallen un espacio para su divulgación.

la ausencia de ello ante los ojos de la gente, y la precariedad de las mismas, llevan a los pueblos a ser una sociedad mediocre; porque si bien es cierto que la cultura es la capacidad del ser humano para adaptarse a ciertas circunstancias y transmitir un conjunto de elementos aprendidos a la generación siguiente, ¿qué esperamos dar de nosotros si carecemos de ella, a las generaciones venideras?

Por ello quedamos en el límite del juicio y la acción; parados en la piola del conformismo esperando qué recibimos pero sin pensar en qué exigir. Los artistas ( y digo ARTISTAS, no faranduleros) deben de estar al pie del cañón para sobrevivir a las inclemencias del rechazo y estar presentes para que la sociedad los vea. Digo esto porque para desgracia nuestra y como apoyo a la ignorancia, existen quienes cierran círculos en grupos “culturales”, burócratas del “arte”, olvidando la sensibilidad humana que mueve a todo tipo de expresión. Pero tambièn vale enfatizar la voluntad de quienes crean sus propios foros, invitando a otros para compartir eso que se desea transmitir.

Si lejos de dar consejos a funcionarios mediante el oído del amigo (a sabiendas que es una utopía), exigimos más información, si lejos de pedir trabajo desde los brazos del ocio, nos ponemos a buscar las formas de salir adelante, y si lejos de exigir a los dueños de la “educación”, mejores escuelas, nos ponemos a leer lo que tenemos o lo que nos puedan prestar, nosotros como ciudadanos estaremos ganándole pasos al analfabetismos, a la ignorancia; porque lo que no pensamos es que un pueblo sin cultura, sin información, convierte a la sociedad en presa fácil de la opresión en todas sus dimensiones.

Por ello, en ves de subir al camión y hablar con el chofer de algo que no nos va a solucionar, o en lugar de subir al taxi y alimentar el ego del taxista (como sabelotodo social), leamos algo, observemos el camino, porque en algún lugar, nuestros ojos hallarán el mensaje de alguien que algo nos quiere decir, con gestos, con palabras, con música.

El arte, la cultura, el aprender es necesario para todos nosotros, y quiero terminar citando unas palabras de Aristóteles, plasmadas en “Arte Poètica”: “...El aprender es cosa muy deleitable, no sólo a los filósofos, sino también a los demás, dado que éstos por breve tiempo lo disfrutan”.

Espero sus comentarios en:

miguel-amaranto@hotmail.com

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