lunes, 15 de junio de 2009

De: Subterráneo Azul

8
A Miguel Ángel López Torres

En el centro,
un chofer detiene su camión;
frente a él
dos hombres reducen la vida de un tercero:
por la cara, por la espalda, contra el piso.

Los transeúntes se detienen a satisfacer su morbo;
nadie se atreve a detener el acto.

Son las tres de la muerte con cuarenta centígrados,
hora en que policías y ladrones se confunden entre sí
y otros, en el mejor de los casos,
logran su comida a cambio de “seguridad”.

A esa hora
el centro es un lugar de nadie para todos.

Los ojos del chofer se clavaron en algún punto,
a golpes,
con esos martillazos que el miedo da en la cabeza,
rebota en el estómago y vuelve.

El tercero tiene los ojos
en la llanta delantera
¡Arranca!
Le ordena
una voz trémula que le oscurece el cielo.
¡Arranca!
El chofer no tiene fuerzas
ni para levantar su mirada del infierno.

¡Arranca, hijo de pu…!
Tarda en reaccionar;
y entre matar o morir
exhala su destino con un ¡Ay, Dios!.

9
A Sergio Uribe

En un país lejano,
tan lejos, casi en el olvido;
millones de personas juntaron sus brazos
y la conciencia del poder adquirido
frunció los ceños.

Caminaron por encima del miedo
hasta dejarlo en el entierro y continuaron.
Cientos de hombres usaron armas
para detener la multitud
y hacer de ellos sus esclavos.

Dispararon,
murieron cien, doscientos, mil;
los hombres seguían disparando,
otros cien ofrecieron su cuerpo para dejar su vida con honor.
Con ellos se fueron las balas hasta no quedar ninguna.

En ese país lejano
los cientos de hombres quedaron sin armas,
pero nadie murió de ese bando.
Simplemente la conciencia del poder adquirido
les quitó la fuerza y el fusil.

11
A Jorge Rodríguez Estrada

Tengo la impresión de que
la vida ha recuperado su calma;
el sol conflagra su poder
en todo mi cuerpo hasta el sosiego

La calle es más amplia y tranquila,
una o dos personas caminan sin hablar;
de vez en cuando un pájaro rompe el silencio,
Un perro, un auto mis sandalias.

La libertad salta de un árbol a otro
por cada avenida de esta urbanización.

Tengo la impresión -como dije-
de que la vida a recuperado su calma;
al menos es domingo y casi todo el mundo está en su casa.